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Domingo, 20 de octubre
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Despedida alumnado 2º bachillerato


Discurso de Graduación

Buenas tardes.

Hoy quisiera pediros la palabra para compartir. Porque creo que hoy es un día de recordar, de echar la vista atrás y unirnos en un sentir común. Con vuestra venia, hablaré en primera persona, sabiendo siempre que las palabras que de mis labios salenson un sentir compartido por estos casi cien corazones que laten en una misma vivencia. Al son del mismo timbre todas las mañanas. Corazones que quieren parar con sus latidos este devenir precipitado de los acontecimientos (parece que esto no es real, que haya finalizado otra etapa más de nuestras vidas). Pero corazones al fin que en un mismo sentir contradictorio anhelan volar, impulsados por potentes alas, a nuevos mundos.Porque, quién les iba a decir a aquellos niños de 12 y 13 años, nosotros, que llegaría el día en que este instituto se les quedaría pequeño. Que un día no serían los benjamines, sino los veteranos. Pues ha llegado ese día. El tiempo ha vuelto a hacer de las suyas, y han pasado ya 6 años. Hoy toca marchar.Hoy se ha cumplido el plazo, ha llegado el momento. Momento temido y esperado.

Me dijeron que la intervención debía ser breve. Lo voy a intentar, pero no puedo asegurar nada, los sentimientos no se pueden medir a base de reloj. Los sentimientos deben desgranarse poco a poco, al ritmo que marque el reloj de arena del corazón.
 
Hoy quiero recordar. No solo yo, es un acto de recuerdo junto a mis compañeros.

Como sabéis, soy alumno de Humanidades. Formo parte de un grupo reducido, pero tan esencial como los demás en cualquier diseño educativo. Y como tal, como alumno de Humanidades, me dispongo a repararen el origen y significado de las palabras. Algo tan de nosotros. Y me encuentro lo siguiente:

“La palabra recordar procede del latín “recordari”, formado de re (de nuevo) y cordis (corazón). Recordar quiere decir mucho más que tener a alguien presente en la memoria; significa “volver a pasar por el corazón”. Si yo le digo a alguien que lo estoy recordando, le estoy diciendo que “lo estoy volviendo a pasar por mi corazón”.

Hoy no es solo un momento de despedida, es el momento de comenzar a recordar. Hoy comienzan a pasar por nuestro corazón muchos sentimientos, muchas emociones, muchas vivencias; hoy nos acordaremos de las grandes personas que nos han hecho mejores. Que, con su esfuerzo, trabajo, dedicación, su tesón inagotable, su voluntad siempre puesta en nosotros, nos han dedicado su tiempo y su espíritu. Por eso, hoy os pido que recordéis, primero, a nuestros docentes. Indudablemente, algunos no es que pasen por nuestro corazón cuando los recordamos, sino que se quedan grabados a fuego; unos pasarán más y otros menos, cosas de humanos. Pero es más lo que nos une que lo que nos separa. A nuestros profesores, un gran “gracias”, que sale de estos casi 100 corazones que hoy se despiden.

He dicho que es más lo que nos une que lo que nos separa.  Unidos por el Majuelo. Porque, compañeros, ahora me dirijo a vosotros, cada vez que recordemos nuestro Majuelo, se volverá a abrir un cajón de los recuerdos;más bien un gran baúl, y en él estaremos todos nosotros.

No os vayáis a entristecer,no estaremos lejos unos de los otros, porque, cada vez que recordemos este camino por nuestro instituto, estaremos unidos. Un lugar en el que juntos hemos disfrutado, hemos llorado y reído, hemos compartido;  hemos caminado por una senda, llena de alambre y de espinos, pero también con verdes pastos donde reparar las fuerzas, una senda agridulce que hoy termina; y la hemos exprimido tan al máximo, la hemos vivido tan juntos, tan intensamente, que ni el tiempo ni el lugar podrán separarnos, si estamos siempre unidos por la fuerza del corazón, del recuerdo. Decía que es más lo que nos une que lo que nos separa; pues bien, más allá de lógicas  “desavenencias” y “rocecillos”,en el corazón del recuerdo todos caben. Porque, cuando recordemos, sentiremos añoranza, tal vez lástima y pena, y también satisfacción. Satisfechos de haber vivido intensamente este paso por nuestro instituto, y por tenernos siempre en el corazón.

Ahora, entonces, las gracias sean dadas, a mis compañeros, a mis profesores, a todos los que nos acompañasteis en este camino. Sinceramente deseo que, ahora que nuestros caminos se separan, cada uno elija aquello que más le guste, que tengamos mucha suerte al entrar en la siguiente etapa de nuestras vidas; y, aunque muchos venimos de terminar nuestra selectividad, sé que hay otros tantos que aún se tienen que enfrentar a ella en septiembre. Seguro que salís victoriosos, porque sois luchadores.
 
Gracias por haber podido compartir este precioso camino con vosotros, por hacerme mejor, porque todos hemos crecido aprendiendo el uno del otro.

Gracias, particularmente, a mi fiel compañero, a Pablo; gracias a mis compañeros que siguieron conmigo desde el Ángel Campano, a Clara, a Manuel. También a mi grupo de Humanidades. A mi gente, en general, que sois vosotros y que no nombro por temor a olvidar a alguien en un posible despiste.

Gracias por este camino tan bonito.Bonito e intenso, siempre disfrutado al máximo, como el camino de Odiseo hasta su patria Ítaca.

Y, para terminar mi intervención, no podía dejar de recordar a una persona que ha sido esencial durante mi última etapa en este instituto. Me vais a permitir que este final se lo dedique. Acompañándome desde 4º de la ESO, y con muchas horas a cuestas juntos en clase, con tanto compartido, hoy quiero terminar dedicándote este precioso poema del genial Constantino Cavafis. Te lo dedico a ti, Pepa. Yo sé que Grecia me persigue, por eso era necesario que hoy Ítaca estuviera aquí presente. Porque, cuando hemos llegado a Ítaca, lo que nos queda es el camino que hemos dejado atrás; y tú, como nadie, me enseñaste a vivirlo intensamente.
Quiero compartir también con vosotros “Ítaca”. Imposible desgranar en estos momentos cuanto este poema encierra, pero os pediría que reparaseis en que Ítaca es el final del camino, el de Odiseo y el nuestro, nuestra Ítaca es hoy. Hemos dejado ya atrás todo un camino vivido intensamente, en el que hemos crecido, aprendido y disfrutado juntos. Hoy se acaba este camino porque hemos llegado a Ítaca, e Ítaca no tiene ya nada más que darnos. Como el viaje de Odiseo, y como nos invita Cavafis, el camino que hemos hecho ha debido ser, y así ha sido, un camino disfrutado intensamente.

Finalizo, pues, con este poema, porque quiero que, al igual que a mí me lo dieron, también vosotros lo tengáis. Un consejo para la vida.

Se lo dedico a esta persona tan especial para mí y que tanta huella me ha dejado. Va por ti, Pepa.


ÍTACA
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues - ¡con qué placer y alegría! -
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin esperar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

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